YO FUI A SALESIANOS: RAFAEL LARA, ANTIGUO ALUMNO DE PLENO DERECHO

1 febrero 2026

Fue su madre la que se empeñó: el niño tenía que estudiar en los Salesianos a pesar de que el colegio de la calle Aralar les pillaba “en la otra punta” y tenían opciones más próximas. Pero doña Inés estaba dispuesta a aceptar el esfuerzo añadido para que el crio, Rafael, hiciera allí la EGB. Intuición de madre… que, por supuesto, se salió con la suya.

El caso es que, una vez en el patio y las aulas de los Salesianos, Rafa, como nos ocurrió a tantos otros, no pudo resistirse a la capacidad de convicción del Padre Cándido y sintió que él también tenía eso que llamaban “vocación”. Ya se veía como los profesores que tanto admiraba, con la sotana remangada, jugando al fútbol con los chavales en vete tú a saber dónde. En busca del sueño fue a parar a Urnieta como aspirante y aquellos tres años fueron, según él mismo confiesa, los que dejaron más huella en nuestro protagonista. Estamos hablando de Rafael Lara quien, con semejante historial, no solo se acredita como Antiguo Alumno salesiano de pleno derecho, sino que ejerce de tal casi diríamos que a tiempo completo.

Rafael Lara González es una de esas personas que exhiben en el trato la sencillez que tenía Don Bosco, aunque guarden méritos para mirar al resto de los mortales un poco por encima del hombro. Solo un dato: su curriculum profesional, académico e investigador detallado ocupa 61 páginas. Lo que empezó en los Salesianos, continuó con la Licenciatura y el Doctorado en Derecho, la obtención de la cátedra de Derecho Mercantil en la Universidad Pública de Navarra y la UNED, el Decanato de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la UPNA y un abundante número de publicaciones, conferencias, estudios, direcciones de tesis… Y si nos centramos en la faceta más institucional, nuestro Antiguo Alumno ha sido Magistrado de la Audiencia Provincial de Navarra y es en la actualidad uno de los cinco miembros del Consejo de Navarra, el equivalente foral al Consejo de Estado.

  • Y, además, y a mucha honra —me corrige—Vocal de la Fundación Boscos y Presidente del Trofeo Boscos. No he llegado a ser lo que el Padre Cándido esperaba, pero algo se me ha pegado en el camino, sobre todo el cariño por todo lo Salesiano, por su estilo de educar y de vivir la fe cristiana. Digamos que en mi vida personal y profesional es el ingrediente que, en mayor o menor cantidad, nunca falta.

A propósito de lo que comentas, ¿qué enseñanza destacarías como la que más te marcó de tus años de adolescencia entre los Salesianos?

  • Yo creo que la forma en la que, como decía antes, los Salesianos entienden la formación. Con el tiempo te das cuenta de que el “espíritu” del fundador, Don Bosco, sigue siendo la norma en la educación salesiana: la atención al joven en toda su integridad, física, social y espiritual. Eso y la naturalidad y cercanía que se respira en los centros de formación salesianos.

Luego volveremos al “espíritu salesiano” que comentas, pero permíteme que entremos en tu faceta profesional, tanto jurídica como docente. ¿Qué es más difícil: ser justo o enseñar a impartir justicia?

  • Las normas son parte esencial de nuestras vidas y en ellas se refleja la clase de sociedad en la que vivimos. Aplicar la Ley no es fácil porque ningún juez es una máquina. Somos personas con sentimientos, con virtudes y defectos, con buenos y malos días; pero lo cierto es que las decisiones de un Juez siempre cuentan con la ventaja de tener que sujetarse en las normas que la sociedad y sus representantes le han impuesto. No tenemos que “inventar” nada, pero no podemos sustraernos a nuestra condición de personas como las demás.

En cuanto a la formación, a mi me apasiona. Yo disfruto en la Universidad al intentar que mis alumnos avancen en el camino hacia nuevos conocimientos, verdades que desconocían, personas, historias, ejemplos que puedes descubrirles… Y, sobre todo, sembrar en ellos un espíritu crítico, inconformista incluso, o hasta rebelde, que es lo que hay que ser a los 20 años y más aún cuando la tecnología se empeña en tenernos y tenerles sobre todo a ellos controlados.

Ahora ocupas una silla en el Consejo de Navarra, un organismo quizá no muy conocido pero esencial.

  • En efecto, el Consejo de Navarra, como el Consejo de Estado a nivel nacional, es el órgano consultivo superior de nuestra comunidad que vigila que las decisiones y normas que surgen de las instituciones forales respetan las leyes y el interés de la ciudadanía. Somos cinco miembros, todos profesionales del Derecho, que trabajamos de forma independiente, nombrados por la Presidencia del Gobierno a propuesta mayoritaria del Parlamento. El Consejo de Navarra tiene sus raíces en el siglo XIII con el Consejo Real, o incluso antes, desde que Navarra fue Reino independiente cuando en la llamada Curia del Rey ya existían expertos en Derecho.

¿Y discutís mucho entre vosotros…?

  • No es frecuente, aunque, por supuesto, siempre hay temas en los surgen criterios jurídicos dispares o valoraciones distintas. Pero como no nos condicionan ni tendencias ni ideologías el acuerdo siempre se logra sobre fundamentos legales y no de otro tipo.

Volviendo a la experiencia salesiana, ¿cómo encajan las normas y la disciplina en el concepto pedagógico salesiano en tu opinión?

  • Don Bosco dio forma a las primeras Constituciones salesianas en el año 1874, es decir, tuvo claro desde un principio que era imprescindible que la comunidad salesiana tuviera un “ordenamiento” que marcara derechos y obligaciones y, lo que es más importante, definiera el carisma salesiano y su forma de educar. La famosa “amorevolezza”, la mezcla de disciplina y cercanía, la norma y el cariño, el deber y el acompañamiento. Creo que es un modelo insuperable para los tiempos que corren.

Por cierto, sé de tus frecuentes viajes por motivos docentes y profesionales, y también de tu costumbre de visitar, allí donde vas, el Colegio salesiano del lugar.

  • Es cierto y me encanta. Me ha tocado ir bastante a Italia y allí no han faltado visitas repetidas a Turín, pero también a Venecia, Bolonia, Roma, Nápoles… Y al otro lado del charco he podido conocer Quito, La Paz, Tegucigalpa, Santiago de Chile, Asunción y otros lugares. En efecto, en todos ellos, lo primero que hago es averiguar dónde está el Colegio o Centro Salesiano y allí me presento a la primera oportunidad que tengo con la única tarjeta de visita de ser Antiguo Alumno. He decir que eso basta para que me reciban con los brazos abiertos y se conviertan en mis mejores anfitriones. Es asombroso comprobar cómo en tantos lugares ser de alguna forma “salesiano” convierte a extraños casi en familia, y es que en el fondo lo somos. Al menos así lo siento.

De vuelta al escritorio para poner esta conversación en orden y negro sobre blanco no he podido resistirme a preguntarle a la Inteligencia Artificial, en este caso Copilot, qué es un Antiguo Alumno Salesiano. La respuesta es inmediata y prolija (en eso nos gana) y ofrece además, un resumen preciso: “un Antiguo Alumno Salesiano no es solo alguien que estudió en un colegio salesiano, sino alguien que se reconoce heredero de un estilo educativo y de una misión, y que procura llevarla a su vida personal, profesional y social.”

Reconozco que el algoritmo ha dado en el clavo. Pero eso uno solo se lo cree cuando se topa con personas como Rafael Lara, antiguo alumno con todas las de la ley.

Javier Ongay.- Antiguo Alumno.

 

Pie de foto 1: Rafa Lara en la última fila. Tercero por la izquierda (el primero es D. José Cuscó –sdb-). 1981 excursión a la Sierra de Urbasa de 6º EGB)

Pie de Foto 2: Toma de posesión como miembro del Consejo de Navarra. Junio 2024.

 

 

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